
Meineri protagonizó dos partidos. Uno, superlativo, que duró exactamente 44 minutos, de lo mejor que observé en su carrera por la continuidad que le dió al juego y la certeza en los fallos en un partido que no venía exigiéndolo en demasía. El segundo partido de Meineri comenzó cuando decidió comprar el “buzón” que le vendiera Cristian Bustos en una inexistente falta que terminara con la amonestación de Puertas, lo que sería determinante en el complemento y para el futuro de Platense.
Luego de esa acción, omitió una dura infracción sin pelota de Schmidt sobre Coria. Y cuando estaba por pitar el final, una patada de Porcel a Olivares no fue sancionada con la lógica amonestación, en otra acción que condicionaría luego a Platense y beneficiaría a Defensores, ya que Porcel sería amonestado en el complemento, debiendo haber abandonado el campo de juego por doble amonestación.
Ya en el segundo tiempo, lo dicho: doble amarilla a Puertas y expulsión en un momento neurálgico del partido (promediando el juego). No porque ésta amonestación no hubiera correspondido si el motivo fuese la protesta, pero el jugador de Platense no mereció la primera. En cambio, Porcel sí mereció las dos que debió haber tenido (la del final del primer tiempo y la del complemento), lo que debería haber provocado que ambos equipos hubiesen terminado con 10 jugadores.
A partir de allí, no cobró más una infracción a favor del visitante. Ludueña le hizo honor al apodo, evocando a su aguerrido padre (Miguel Angel Ludueña, aquel que jugara en Racing, Independiente y Talleres y que retirara en Platense a finales del año 1992), “hachándolo” a Olivares, y no pasó nada, esta vez con la complicidad del Primer Asistente Juan Pablo Spilatto. Por otra parte, es justo decir la irreprochable labor del Segundo Asistente, Martín Prieto.
K-Well!



