Por tanto, pocas cosas en el “Haber”, y muchas en el “Debe” del primer balance futbolístico tras el primer encuentro ante Villa Dálmine.
A Espina le quedará realizar un fuerte análisis retrospectivo, íntimo, acerca de la idea futbolística con la que pretenderá seguir jugando. Decía en las entrevistas previas que a veces hay que jugar el fútbol que mayormente conviene y no el que prioritariamente gusta. De ser así, de haber sido intelectualmente honesto, uno de los mayores ídolos futbolísticos de aquellos que nos encontramos entre los treinta y los cuarenta años deberá comprender que los planteos se elaboran de acuerdo al tipo de jugadores con los que se cuenta, y que con estos jugadores, Platense debe jugar con un 5 típico, dos volantes externos pero no carrileros, y un enganche bien definido, que “a priori” debería ser Olivares.
Otro punto es el trabajo ofensivo. De no ser por Melivilo, jugador que evidentemente cuenta con características personales más evolucionadas que el jugador promedio de la categoría, nuevamente volvemos a observar hombres de área que no saben generarse su espacio de juego, como así tampoco conectividad en el juego (precisamente por la falta de un rol de enganche bien definido, ya sea en Vergara, ya sea en Olivares). Matos en su primera presentación oficial aún no demostró ser más que lo que fueron el “Payaso” Molina, Alexis Blanco o Facundo Diz, por mencionar a los hombres de área que vistieron nuestra camiseta en nuestro nuevo peregrinar por esta divisional. Y, en definitiva, se destacan que los dos goles convertidos han sido por un error de despeje de la defensa rival (en contra de Gásperi) y por un penal que debió volverse a ejecutar por el que, quizás, haya sido un capricho del “celoso” primer asistente Maldonado, en complicidad con Barraza.
Y en lo defensivo, replantearse todo. Conversar, y mucho, con Gonzalo Peralta. “Despertarlo” a Talin, para que no sea tan ingenuo a la hora de quedar fuera de juego en los lanzamientos con pelota parada y más atento con el juego a sus espaldas. Y un profundo replanteo del trabajo con los laterales, que evidentemente no saben manejarse con mediocampistas ofensivos tan abiertos, proyectándose a un ataque que no tiene retorno en lo defensivo, con el consiguiente desgaste físico que eso conlleva.
Y si hablamos del tema físico: ambos laterales demostraron no estar en condiciones de poder soportar los 90 minutos de juego. Barreiro, aparte de ser permanentemente desbordado, terminó el primer tiempo lejos de poder alcanzar a Renso Pérez, y el complemento definitivamente “fundido”. Algo similar a lo de Mattiuzzo, que hasta tuvo que ser reemplazado. Es cierto: primer partido, luego de lo que debió haber sido una dura preparación. Palabras que se diluyen teniendo en cuenta que Platense enfrentó a un rival que comenzó su pretemporada en el mismo día que el “Calamar”, pero que contabilizó en su preparación un total de siete amistosos contra simplemente tres del local. Se notó que hubo un “equipo” por un lado (aún con torpezas y limitaciones, con una idea clara y un andamiaje concreto), y otro al que le falta mucho, rodamiento.

En el tercer gol de Villa Dálmine, como en ninguna otra acción, se observa la libertad del equipo rival para jugar por las bandas, sin cobertura alguna por parte de defensor alguno de Platense, amén de que la acción surge por la generación de espacios a las espaldas del equipo defensor.

Barraza se dispone a ajusticiar a Peralta, y éste le manotea en dos ocasiones el bolsillo donde el Juez guarda sus tarjetas, la segunda de manera violenta. Por momentos, el fastidio y el repetitivo reclamo en juego de situaciones que no eran tales fueron moneda corriente de un equipo que fue yéndose del paulatinamente del partido a medida que no encontraba respuestas futbolísticas. Actitudes que no deberían volver a repetirse, haya estado acertado o no el hombre de negro y sus colaboradores en sus fallos.
K-Well!






