¡Enorme alegría hemos recibido en la noche de Vicente López los sufridos simpatizantes Calamares! El equipo de Pascutti cumplió con las “3 G”: Ganó, gustó, goleó. Contra los pronósticos adversos de tener que enfrentar a un rival al cual nunca se lo había vencido, siendo dirigido por un referí con los que los visitantes se sienten más a gusto, Los once salieron a la cancha con un objetivo bien marcado: el arco contrario. Fue un partido de menor a mayor, donde aún sin alma, el elenco visitante también supo traer peligro al área local, más que por sus virtudes por las pocas desatenciones en defensa que demostró el “Calamar” a lo largo del juego. Parece que los jugadores -finalmente- entendieron que después de un gol a favor tiene que venir otro gol a favor, y así, puesto que este es un equipo que no tiene con qué aguantar un resultado, pero que demuestra que si sigue atacando puede seguir haciendo daño a lo largo de juego.
Pascutti planteó su clásico 4-4-2, dejando a Robert y a Romero como enlaces. El primero, más pegado a la línea del “Pocho” (Scatolaro) y de “Sónico” (Torres), hacía las pausas para que la pelota llegara limpia hacia adelante, pero cuando el juego se lateralizaba, allí aparecía Romero, quien se transformó en una verdadera pesadilla para los últimos hombres del elenco de Roldán.
A pesar de que siguen las dudas en defensa (independientemente de los nombres, no hay manera de acoplar firmemente a ninguno de los que integran aquella parte del campo de juego en este plantel), de los que he visto, me ha dado la sensación que fue el partido más sobrio, sobre todo porque no hicieron nunca una de más, “reventando” todo lo que se acercaba de frente y por el medio (Duarte por arriba, Philipauskas por abajo). Quizás lo menos destacado de un equipo que no se quedó como en otras ocasiones fue el despliegue de Nicolás Torres, pero no por responsabilidad directa de éste, sino por inteligencia del tibio planteo del entrenador tucumano, que sabiendo de la precisión de corte de juego del tándem que hace junto a Scatolaro, mandó decididamente a abrir la cancha por arriba.
San Martín tiene de qué preocuparse: realmente, es un equipo displicente, sin alma. Roldán declaraba en la semana que le preocupaba “no encontrar respuestas en sus jugadores”. Verdaderamente, no las tiene, porque -insistimos- las pocas veces que se generó peligro en el área del seguro Sánchez fue por desatenciones defensivas más que por méritos ofensivos, como sí en cambio hizo Nadaya durante el tiempo que permaneció en el campo, un “fantasma” que aparecía por donde nadie lo esperaba, dejando enormes grietas en la defensa tucumana.
Para finalizar con los norteños, al menos que la decisión se fundamente en un magro estado físico, no se entendió por qué Lihuen Prichoda permaneció en el banco durante un tiempo. Es cierto, con él solo no alcanza, pero San Martín jugó con más decisión en ataque con la presencia del ex Racing Club en el campo de juego. Igualmente, no alcanzó. Ya con tres goles adentro y dos jugadores menos, pretendió Roldán irse del “Vicente López” sin más goles adentro, reemplazando al muy pobre “Yaya” Alvarez por Felix Décima, jugador que al principio de la temporada coqueteó con venir a Platense, al igual que antes lo había hecho el ayer desaparecido Aldo Visconti.
Párrafo aparte para el pito del S.A.D.R.A., Maximiliano Stevenot, juez principal que venía sin mayores antecedentes que un pequeño escandalete en la previa de un partido por el Argentino “A” cuando impidió que reporteros gráficos pudieran tomar imágenes desde dentro del estadio en la previa de un Patronato-Gimnasia de Concepción, sumado a que los visitantes suelen ganar con su presencia en el campo de juego. De estado físico impecable, y si bien no incidió en el resultado final, dirigió de manera desastroza, aún desde el vestuario. ¿Por qué? Bueno, bastaba fijarse en la ropa deportiva de los jugadores de campo: Platense con su marrón y listones finos blancos horizontales, San Martín con un rojo casi morisco y blanco verticales, pero ambos con pantalones blancos. Punto en contra. Luego, con el juego en marcha, parece que tiene un severo problema de interpretación con el contacto físico entre jugadores, puesto que aquellas disputas hombre a hombre lícitas las sancionaba con falta, y no así aquellas en las que uno u otro se pasaba de rosca (y todas a instancias del juez, que siguió siempre muy de cerca la jugada). A pesar de Ramenzoni, al cual no le pareció penal el agarrón de Serrano a Romero, bien estuvo allí, puesto que el “5″ tucumano lo tenía agarrado de la cintura, a pesar de la teatralización del enlace “Calamar”. Pero cinco minutos después no cobró otro más claro, luego que un chutazo de Nadaya impactara sobre el brazo izquierdo de Nievas Escobar (a Duarte, por mucho menos, le cobraron aquel dudoso penal ante Instituto, que luego fue fundamental en el desarrollo del juego). El mismo Nievas -que más tarde se iría expulsado por doble amarilla, cansado ya de castigar físicos “marrones”- le aplico terrible planchazo a Nadaya, y ni siquiera lo amonestó. A Robert le cobraba a favor todas las que simulaba, y aquellas en las que lo castigaban en serio aplicaba el espíritu del “siga siga”. En fin, un mamarracho en la aplicación integral del reglamento, y otro peor en la interpretación del espíritu del juego. Insistimos: Platense no necesitó de Stevenot para ganar, gustar y golear, humillando a un rival sin alma, que se tuvo que retirar del campo de juego bailado y con dos hombres menos.
Finalizamos el reporte nuevamente esperanzados. Los jujeños de Gimnasia vienen de racha positiva, en especial de visitante. La C.A.I. es una incógnita, quizás por el mismo problema que nosotros adolescemos, la cercanía del descenso directo, que condiciona -y mucho- la regularidad de los desempeños en una categoría en la que salvo Italiano cualquiera le puede ganar a cualquiera. Como sea, más de un calamar estará haciendo fuerzas por el triunfo de los del norte en la ventosa Comodoro Rivadavia, que nos dejaría a tan solamente una unidad de ellos. La próxima fecha será una verdadera final, allá en Mendoza, cuando debamos enfrentar al equipo cuyo presidente es titular de una de las corporaciones mediáticas más importantes del país, en la que -casualmente- se emiten programas periodísticos que analizan esta categoría, con formadores de opiniones que desinforman de manera muy apasionada en ciertas ocasiones. Seguramente que nos jugarán a muerte, quizás olvidándose aquellos partidos en los que un equipo formado para ascender de manera directa durante las últimas dos temporadas, que paga sueldos altos y al día, perdía con otros rivales necesitados. Pero ahora los necesitados son ellos, puesto que si “El Fantasma Del Descenso” supera en los promedios a la C.A.I., ellos ingresan a la Promoción con el equipo que toque del Argentino “A”. Y con vistas a futuro -teniendo en cuenta los desaguisados dirigenciales que se encuentran sufriendo con el Organo Fiduciario, que entre otras cosas le prohibirá a uno de sus mejores jugadores (Castellani) seguir participando del presente torneo- pongámosle fichitas a la caída definitiva en desgracia de Ferro, que estrena técnico (José María Bianco), para que siga perdiendo puntos y se transforme en un rival más cercano en el descenso que divide por tres en el próximo torneo, en caso de nosotros permanecer en la categoría.
Un abrazo para todos.
K-Well!



