Dura derrota. Dura, porque Platense dominó el partido, lo tenía controlado a Instituto. Dura, porque fue duro el trabajo realizado por sus jugadores hasta la consecución del gol. Pero, inexplicablemente, los “fantasmas del resultado” regresaron a Vicente López, Platense se tiró hacia atrás, y se desencadenó la tragedia en tan solamente 10 minutos.
Hasta el gol, Platense era un equipo ordenado, que merced al trabajo que estaban realizando principalmente Nicolás Torres y Gastón Martina, había logrado desarticular el juego cordobés por los laterales, por donde mejor se mueve el equipo de Bonetto. La pelota no le llegaba ni a Lázaro ni a Gagliardi y, por ende, a Silvio Romero. Fue así que en uno de los tantos cortes de los defensores calamares es que Philipauskas se proyectó desde el fondo, luego habilitando en una cruzada al potente Melivillo, que encaró hacia una esquina, dribleó a un defensor cordobés y asistió al experimentado uruguayo que, con un certero puntinazo de zurda, la depositó sobre el costado izquierdo del arquero Charini. Trabajado, esforzado, merecido gol. Hasta ahí fue un Platense, el Platense al que nos estaba acostumbrando Pascutti. Luego, fue otro, el que nos tiene habitualmente acostumbrado especialmente en los dos últimos años.
Fue así que el equipo se fue retrasando, Martina dejó de marcar y asistir, dejando solo a Nicolás Torres en tal maratónica tarea, Robert se fue perdiendo, a Pablo Rodríguez no le llegaba (¿no iba a buscar?) la pelota, y se comenzaron a notar ciertos desacoples defensivos por el costado de Philipauskas. Entonces, entiendo que Pascutti habrá pensado que existía un quedo físico en el equipo, y por eso decidió la entrada de Martín Madrid por Rodríguez, jugador que no le había aportado nada en el partido al local. Fue el golpe de gracia: cuando Platense necesitaba dinamismo -estaba Romero en el banco- se apostó a un supuesto mediocampista de contención que ni fue mediocampista ni logró contener nada de juego en los veintipico de minutos que estuvo en campo. Y fue allí cuando la pelota comenzó a transitar por los pies de Lázaro y Gagliardi, y fue allí cuando comenzó el pic-nic de Romero por el área “Calamar”.
El empate llegó tras dos groseros errores de Philipauskas, e inmediatamente el centro hacia la nada, rechazado por la articulación de Duarte, interpretada tardíamente por Giannini (¿a instancias del línea?) como penal. Nuevamente, un penal dudoso -cobrado en contra, por supuesto-, y nuevamente un bahiense protagonizando un suceso futbolístico luctuoso en contra de Platense. Gol.
Triunfo inesperado, inmerecido hasta ese entonces. Pero lejos de amilanarse, y cuando Platense tenía que salir a quemar las naves, Martina comete una estupidez que justifica el encono que el simpatizante promedio de Platense siente hacia su persona futbolística, haciéndose amonestar y expulsar tras un innecesario guadañazo trasero hacia la humanidad de Gagliardi. Y allí sí, Instituto justificó el triunfo y su posición en la tabla con respecto a la nuestra, topándose una y otra vez con la seguridad de nuestro Alejandro Sánchez. Y así llegó el final: el equipo que se había guardado sus mejores jugadores para el choque contra Belgrano, que había declarado que este partido no era en lo sumo importante, se lleva un triunfo justificado en el miedo escénico que parece sentir el “Calamar” cada vez que es televisado y que en su vida futbolística se entremete un bahiense.
Párrafo aparte para el árbitro: En el primer tiempo se dejó manejar el partido por el chamuyo de Robert y Rodríguez, algo que se suele pagar caro en el desarrollo del mismo, ya que es conocida para quienes hemos tenido familiares en el referato que los de negro suelen aplicar como táctica el soportar determinadas actitudes de los jugadores conflictivos para después “cobrársela” con algún fallo discutido, como el para mí inexistente penal de Duarte. Pero también aplicó “la ley de la compensación” cuando en un momento de detención del juego, Monsalvo le tiró un pelotazo en la cara a Robert en sus narices, lo cual hubiera significado la expulsión del mediocampista cordobés, y seguramente un trámite distinto del encuentro. Pero claro, el destinatario del pelotazo fue Robert, y luego, mucho después, vino el penal. Antes de ello, no vio tampoco un claro agarrón a Zunino en el área cordobesa. Un arbitraje espantoso de un árbitro espantoso.
Sin más para decir, se viene el choque con Defensa, en el cual deberá salir a relucir si en este equipo hay hombres. Por supuesto que los hay. CAI solamente empató de local, y todavía debe jugar con nosotros en nuestro estadio. Merlo no pudo con la seguridad de Tombolini, y parece no tener con qué remar resultados. Veremos qué pasa en la semana, pues se nota un quedo físico importante en el equipo, y uno más importante en lo psicológico.
K-Well!
PLATENSE A LO ANCHO



