En la terrible noche de Martes, Platense empató en un tanto con Estudiantes de Buenos Aires, bajándolo de la punta del torneo de la “B” Metropolitana.
En un interesante partido, repartido en un tiempo para cada elenco, unos y otros terminaron justificando la igualdad. El “Pincha” dominó a su merced el desarrollo del juego durante la primera etapa, aprovechando cada uno de los espacios otorgados por el local en el campo, fallando severamente en la definición de las jugadas. A nadie hubiera sorprendido si la visita terminaba la etapa con una diferencia aún mayor, merced al flojísimo desempeño de todas las líneas de contención del “Calamar”, que le fueron a la sazón a las restantes. Scamporrino, Yassogna y el autor del gol -Facundo Pereyra- fueron verdaderas pesadillas que se supieron mover desde el medio hacia la derecha del campo, haciéndose un verdadero pic-nic sobre todo con la dupla defensiva Foglia-Rodríguez, que nunca supieron cómo relevarse, que hasta en algunos momentos se chocaron entre sí, y que cumplieron a rajatabla con su posicionamiento en el campo de juego, pero ciegos ante el posicionamiento de los rivales, sobre todo en los contragolpes, en los que uno y hasta dos atacantes de los de Caseros quedaban siempre libres, definiendo mano a mano con Sánchez.
Pero quiso el segundo tiempo ser más benévolo para el local. Sumado a que Pasini apostó por seguir contragolpeando, Pascutti se la “jugó” realizando dos cambios en el entretiempo. Con los ingresos de Vinaccia y Parisi por los intrascendentes Lanzini y Montero, Platense cambió su actitud y se transformó en el dominador de las acciones en el complemento. El “contagio” se produjo muy especialmente a partir del minuto 6, cuando se produjo el obligado cambio de Emiliano Rodríguez (resentido de su lesión en su Rodilla Derecha) por Nicolás Torres, quien pasó a ocupar su posición en la línea de tres, y desde donde se empujó al equipo hacia adelante, logrando también los restantes defensores (Foglia y Fassi) afianzarse en sus posiciones, no relevando, lográndose cortar así los ataques del “Pincha”, que aún así logró generar un par de escaramuzas.
Fue así que se corrió más, se buscó el arco rival, se jugó al fútbol, y cuando Parisi tuvo su primer mano a mano (luego de un pelotazo en profundidad de Nico Torres, con habilitación de Julián Cano por medio), el “Toro” demostró que lo suyo es la definición y con una exquisitez venció la valla del muy seguro Salvá. Lego del tanto, se siguieron intentando acciones en ataque, pero el convencimiento de que el empate dejaba sabor a poco en la visita hizo que el juego se emparejase, apareciendo en dos oportunidades la figura del “Oso” Sánchez para salvar el empate.
Con respecto al arbitraje de Julio Barraza, se mostró severo pero no se le complicó nunca el juego, más allá de la estúpida escaramuza protagonizada por Lanzini y Mansilla al finalizar la primera etapa. No cometió errores, y sus fallos pasaron desapercibidos en el transcurso del juego.
Terminando el análisis, debemos decir que Platense terminó jugando un esquema 3-3-1-3. No nos engañemos: no es que Pascutti haya acertado tanto en los cambios sino el hecho que los jugadores salieron con otra actitud a disputar el complemento. Sintieron que la defensa dejó de ser un flan con la salida de Rodríguez, y encontraron mayor dinámica y equilibrio con la presencia de Vinaccia y las ganas que le puso Pusineri al juego, que por momentos llegó a ser realmente bueno.
Por último, solicitamos al Entrenador que reconsidere a Parisi. No solo porque la hinchada lo solicita, sino porque ha demostrado que definiendo es realmente muy bueno. Pusineri demostró mejor que Robert que podría desempeñar esa función de asistente, y que aún no en su entera forma es mucho más peligroso cerca del arco que lejos de él. Quizás sea el tiempo de volver a pensar en una línea de cuatro en el fondo, con dos laterales “laterales”, pero también con un punta definido y dos mediapuntas que nos permitan jugarle de igual a igual a cualquier rival durante todo el partido, y no solo cuando las “papas” queman o cuando se hiere en profundidad al amor propio.
Hasta tanto no consigamos ganar, seguimos en deuda.
Un abrazo para todos.
K-Well!



