Vuelve el clásico de Núñez

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River y Platense volverán a encontrarse después de 19 años. Es que el Calamar descendió por tercera vez al ascenso en 1999 y todavía no consiguió regresar a Primera. Además, cuando se produjo la hecatombe deportiva que depositó a River en la desconocida (para ellos) B Nacional, el Calamar luchaba por volver a esa categoría que había abandonado en 2010.

En realidad, el llamado “Clásico de Núñez” se jugó desde que River aterrizó en el difuso límite entre Belgrano y Núñez en 1938, inaugurando ese año el estadio Monumental. Desde ese momento, el Millonario reemplazó, como vecino más cercano, a Defensores de Belgrano, en la disputa barrial contra Platense. Se ubicó a 18 cuadras de distancia.

El equipo marrón y blanco había tenido su primer campo de juego en la intersección de Manuela Pedraza y Blandengues, hoy Avenida del Libertador. Eso ocurrió entre 1908 y 1917, hasta que ese año consiguió una mejor ubicación en el cruce de Pedraza con la calle Crámer, donde se hizo fuerte en Primera División.

La rivalidad con Defensores se mantuvo bien alta entre 1915 y 1930 cuando ambos cuadros militaban en Primera División y también tenían canchas cercanas. La llegada del ámbito profesional los diferenció de categoría y no volverían a jugar hasta 1958. También fue “el clásico de Núñez”, pero en una versión más pequeña.

River nació en la Boca durante 1904 y enseguida llegó a la vieja Asociación Argentina, donde empezó a medirse con Platense en 1913, pero sin ninguna rivalidad porque uno era boquense y el otro vivía en Núñez. Por eso, la rivalidad entre un rico y un pobre solamente existió entre 1938 y 1971, que fue el tiempo en el que los Calamares recibieron al vecino millonario y el nefasto año en el que descendieron por segunda vez a Primera B y encima, perdieron su legendario estadio que habían tenido durante 55 temporadas.

La superioridad de River nunca estuvo en discusión. Ni al principio de la historia porque los números lo certifican. Cuando no eran rivales, pero habitaban la primera división en el amateurismo entre 1913 y 1930, River le ganó a Platense los diez partidos en los que fue local, al punto que los marrones apenas pudieron enhebrar tres triunfos como locales contra cinco de sus visitantes.

En el profesionalismo, la diferencia se amplió. En el período que nos ocupa (1938-1971) la ventaja de River disipa cualquier duda. Fue impresionante, al punto que el peor promedio de puntos ganados que tiene Platense contra cualquier otro equipo, es mejor que con River y radicalmente opuesto a su enfrentamiento con Boca. El recuento final de partidos por torneos de Primera A muestra a River venciendo 87-21 con 30 empates en 138 choques, cuando con Boca, la ventaja xeneize es 53-28 con 43 empates, mucho más equilibrado., con 124 partidos jugados.

Si pasamos en limpio el ciclo en que eran vecinos, jugaron 51 partidos entre el Monumental y la cancha Calamar, con 33 victorias de River, 13 empates y 5 éxitos de Platense. Lo curioso es que el humilde recién pudo llevarse los puntos del domicilio poderoso en 1967 cuando se impuso 3-2 mientras lo dirigía Ángel Labruna y repitió en 1969, con un recordado 4-0 con goles de Néstor Subiat, Gualberto Mugione, Carlos Bulla y Jorge Miranda, integrantes de una delantera que hizo historia en el club.

River tuvo varias goleadas, como el 5-2 de 1945 remontando un partido que perdía 0-2, o el 5-1 de 1947 con una actuación fantástica de Alfredo Di Stéfano o el 6-2 de 1953 con un show de Eliseo Prado, que marcó cuatro goles.

Estaba claro que era una rivalidad forzada por la vecindad y no mucho más. River era el cuadro más ganador del fútbol criollo y Platense volaba mucho más bajo. Como escribió el colega Alfredo Serra (fana calamar) en el libro del centenario del club: “Nací en Núñez, Manuela Pedraza y Obligado de este lado de la vía, como decían en mi casa. Este lado era el alto y el otro, el bajo. Una franja de escasos diez metros pero límite de una aristocracia de barrio: los del bajo, para los del alto, eran gentuza, nunca supe bien por qué ya que los veía iguales. El alto de la vía era Platense (gloriosa y amada ciudadela de Manuela Pedraza y Crámer) y el bajo, River, los leprosos a pesar de sus millones, de La Máquina, de la Herradura Monumental. Tirios y troyanos, montescos y capuletos, romanos y cartagineses, aunque la banda roja acumulara campeonatos y nosotros, los Calamares, aún esperábamos al Mesías.”

La realidad marcaba eso, justamente. River multicampeón, Platense descendiendo en 1955 tras 41 años seguidos en Primera A. Ese año, el 3 de julio, el Calamar derrotó por 2-1 a River, gracias a dos goles del santiagueño Vicente Sayago, el segundo de penal. Cuando igualó Wálter Gómez al inicio del segundo tiempo, el crack uruguayo gambeteó defensores pegadito a la línea de fondo y metió la pelota entre el poste y la humanidad del gran Julio Cozzi. Fue el empate parcial y en el afán por mirar el final de la hermosa jugada, la multitud apiñada detrás del arco empujó hasta derribar el alambrado y muchos rodaron dentro del campo de juego. Fue una desgracia con suerte, el partido siguió. Lo ganó Platense que descendería y lo perdió River que sería el campeón.

Platense perdió su estadio en 1971 y recién pudo recibir a River en los años ochenta, cuando ya había inaugurado su nueva cancha en Vicente López. Se había mudado veinte cuadras al norte, en el límite entre Saavedra y Florida, bonaerense por adopción cruzando la avenida General Paz. Allí pudo vencer a River el 9 de junio de 1996 con dos goles de Esteban Fuertes, en tanto que Marcelo Gallardo hizo el tanto Millonario. Fue su único triunfo en cancha propia. River se llevó los puntos en tierra marrón en cinco ocasiones y ambos hicieron un memorable 4-4 en abril de 1986.

En el Monumental, Platense acumuló cuatro victorias entre 1987 y 1994. La última fue 3-1 con dos goles de Marcelo Espina y uno de Diego Bustos descontando Hernán Crespo. River en su estadio celebró un 4-0 en 1992 y un 4-1 en 1997, sus triunfos más holgados. Sin embargo, la rivalidad ya no era la misma más allá de las pasiones desatadas en la tribuna marrón y blanca, y la poca importancia que le daban sus efímeros pero grandes vecinos.

Jugaron por última vez el 13 de junio de 1999 en Vicente López, fue el último choque, resuelto por River con dos goles de Javier Saviola y uno de Cristian Castillo, que sellaron el descenso de Platense. Algo que todavía no consiguió revertir.

Sin embargo, jugaron siete partidos por copas nacionales y la historia es bien distinta. Hubo tres triunfos de River, un empate y tres victorias de Platense. Lo hicieron cuando tenían fuerzas más parejas, entre 1915 y 1945. Hubo triunfo Calamar en la Boca por 1-0 en 1916, hubo festejo de River en campo marrón durante 1924 por 1-0 con gol de Gainzarain. Se enfrentaron por la Copa de Honor, la Copa Competencia, la Copa Adrián Béccar Varela y la Copa Británica. Torneos que dejaron su sello y han sido recuperados por los investigadores del fútbol nuestro, que como queda bien claro, no empezó en 1931.

Como se observa, casi todos los choques “coperos” fueron dentro del período en que disputaban “el Clásico de Núñez”. Otros tiempos.

Alejandro Fabbri
Perfil

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